Un olor sin flor
Los aldehídos son difíciles de describir porque no huelen a nada que se pueda señalar. Huelen a jabón recién abierto, a sábana planchada, a cera de vela recién apagada, a burbujas de champán y a piel de cítrico. Son más una sensación de luz y de limpieza que un olor concreto.
¿Qué es un aldehído?
En química, un aldehído es una molécula con un grupo característico (-CHO). El nombre lo acuñó el químico alemán Justus von Liebig en 1835, como abreviatura del latín científico alcohol dehydrogenatus («alcohol sin hidrógeno»). Hay miles, y muchos ya existen en la naturaleza: están en la piel de los cítricos, en algunas flores y, curiosamente, en las hojas del cilantro, que a algunas personas les sabe a jabón, en parte por esto.
Los que importan en perfumería son los aldehídos alifáticos de cadena larga, de ocho a doce átomos de carbono. Cuanto más larga la cadena, más cerosa y jabonosa se vuelve la nota, y menos cítrica.
1921: la revolución de Chanel N°5
Antes de los aldehídos, los perfumes olían a flores, y se notaba que eran flores. En 1921, Ernest Beaux creó para Gabrielle Chanel el N°5 con una dosis generosa de aldehídos, y el resultado fue un perfume que no se parecía a ningún jardín conocido: abstracto, luminoso y moderno. Se cuenta, como leyenda de la casa, que un error de dosificación en el laboratorio produjo ese exceso, aunque se discute que sea cierto.
Lo cierto es que el N°5 fijó una forma de entender el perfume: una apertura de aldehídos que chispea, un corazón floral (rosa, jazmín, iris, ylang-ylang) y un fondo de maderas, vainilla y almizcle.
Cómo lo usan los perfumistas
Se emplean en dosis diminutas, casi siempre en la salida, para darle brillo y proyección a un perfume. Funcionan como el «burbujeo» que levanta las flores: con la rosa y el iris dan una elegancia clásica y empolvada; con los cítricos, como la bergamota y la mandarina, una frescura limpia. En exceso, se vuelve cera.
Perfumes famosos
Chanel N°5 (1921), de Ernest Beaux, el perfume aldehídico por excelencia.
Arpège (Lanvin, 1927), de Paul Vacher y André Fraysse, es otro gran clásico de la familia, floral y aldehídico.
Rive Gauche (Yves Saint Laurent, 1971), de Michel Hy, recuperó el brillo metálico de los aldehídos en clave moderna y fresca.
Una nota del siglo XX: Acuario y Géminis
Los aldehídos son una invención de laboratorio y de la modernidad: no tienen historia en los herbarios antiguos, así que esta es una lectura simbólica. El perfume de 1921 rompió con la tradición floral para abrazar la abstracción, la química y el futuro, y esa es una forma de entender a Acuario (20 de enero – 18 de febrero), el signo de la innovación.
Y la chispa, la burbuja y la ligereza del aire son de Géminis (21 de mayo – 20 de junio), regido por Mercurio, el planeta de la química, de la velocidad y del ingenio.
Perfil olfativo
- Familia: Aldehídica, limpia y jabonosa
- Facetas: Jabonosa, cerosa, efervescente, de burbujas de champán y de ropa planchada
- Moléculas principales: Aldehídos alifáticos C-10, C-11 y C-12
- Posición en la pirámide: Salida
- Tenacidad: Baja en sí misma; dan brillo y proyección a la salida
- Obtención: Síntesis (algunos existen en la naturaleza, en los cítricos y otras plantas)
- Origen: Química del siglo XIX; popularizados en 1921 por Chanel N°5
- Dato clave: Su nombre viene de «alcohol dehydrogenatus»
